Juan 1:1-18 Reina-Valera 1960
Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros
1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
2 Este era en el principio con Dios.
3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.
7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.
8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.
9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.
11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.
16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.
17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
"Gloria in excelsis Deo,
et in terra pax hominibus bonae voluntatis"
(Lc.2,14)
et in terra pax hominibus bonae voluntatis"
(Lc.2,14)
Feliz Navidad a todos.
Que la estrella de Navidad traiga paz a nuestro corazón,
a nuestras vidas
y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad,
en todos los rincones de la tierra.
Pace in terra
Aún en medio de la metralla,
nuestros corazones
pueden construir un nido
con ramas de olivo
para que deposite sus huevos
la paloma de la paz.
MIA
Gandhi y el Sermón de la montaña
"Si deseamos a los demás “Felices Navidades” sin dar a estas palabras un sentido profundo, este deseo será una simple fórmula vacía.
Hasta que el anhelo de paz no quede satisfecho y hasta que no hayamos librado nuestra civilización de la violencia, Cristo aún no ha nacido...
Cristo vivo, significa cruz viva. Sin ella, la vida no es más que una muerte agitada."
“Hace unos 45 años descubrí la Biblia. No me interesó mayormente el Antiguo Testamento, pero cuando llegué al Nuevo Testamento y al Sermón de la Montaña, empecé a comprender la enseñanza de Cristo. Y el mensaje del Sermón de la Montaña hizo resurgir en mi algo que había aprendido cuando niño. Esta enseñanza consistía en no vengarse y en no devolver un mal con otro mal.
De todo lo que leí, quedó grabado en mí para siempre aquello de que Jesús vino para establecer una ley nueva. Sin duda, Cristo ha dicho que no vino a traer una ley distinta sino a injertar algo nuevo en la vieja ley de Moisés. De hecho la transformó de tal manera que se convirtió en una ley nueva. Ya no más ojo por ojo y diente por diente, sino estar dispuesto a recibir dos golpes si se nos da uno y a caminar dos kilómetros si se nos pide uno…
A medida que aumentaba mi contacto con los verdaderos cristianos, es decir, con hombres que viven para Dios, comprendía que, para aquel que quiere vivir una vida cristiana, el Sermón de la Montaña encierra todo el cristianismo. Fue el Sermón el que me hizo amar a Jesús.
Cuando leo toda la historia de su vida bajo esta luz, me parece que el cristianismo está todavía por realizarse. En efecto, por mucho que cantemos “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra”, no existe hoy día ni gloria a Dios ni paz en la tierra.
Mientras este anhelo no sea saciado y mientras no hayamos desterrado la violencia de nuestra civilización, Cristo no habrá nacido. Cuando la verdadera paz se haya establecido, ya no tendremos necesidad de otra demostración: ella resplandecerá en nuestras vidas, no solamente individuales, sino colectivas….
El Sermón de la Montaña me reveló el valor de la resistencia pasiva. Me llené de alegría al leer: “Amad a vuestros enemigos, rogad por aquellos que os persiguen”.


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