viernes, 12 de diciembre de 2014

¡Dios, háblame!




Cierto hombre susurró: 
¡Dios, háblame! 
y el árbol cantó.
Pero el hombre no oía.

Luego el hombre, habló más fuerte, pidiendo:
¡Dios, háblame! 
y un rayo cruzó el cielo.
Pero el hombre no oía.

El hombre miró a su alrededor y dijo: 
¡Dios, permite que te vea! 
y una estrella se iluminó con gran resplandor.
Pero el hombre no la notó.

Entonces el hombre gritó: 
¡Dios, muéstrame un milagro! 
y en ese minuto nació un bebé. 
Pero el hombre no lo supo.

Luego el hombre pide a gritos, en desesperación: 
¡Tócame Dios y hazme saber que estás aquí! 
Dicho esto, Dios bajó y tocó al hombre. 
Pero éste espantó a la mariposa que volaba a su alrededor
 y continuó caminando.



No te pierdas de una bendición sólo porque no viene envuelta del modo en que tú esperas.





EL FARO




EL FARO



Esta noche estoy en mi cuarto 
sintiéndome solo y triste.
Me parece que tanto se ha alejado
mi barco de la orilla 
que ya no podré volver a salvo.

Siento cómo los vientos
soplan fuerte y tratan 
de alejarme de mi refugio.
El dolor, el trabajo y la soledad
me alejan de Ti, Señor.

Pero hoy quiero luchar
y ya no quiero ocultarme,
lucharé y remaré, 
hasta alcanzar la orilla 
de esa playa serena, 
donde Tú eres 
el que dio vista al ciego,
voz al mudo, alegría al triste.

Tú mismo eres quien ordena
hoy a la tormenta:
¡Silencio! y ésta, te obedece.
En medio de mi noche 
levanto la voz a Ti, Señor,
y para hacer valer tu sacrificio
te entrego hoy toda mi zozobra.

Sopla en mí, Señor, tu Espíritu,
y llévame hacia Ti,
pues ya no quiero naufragar
y me aferro a tu Mano.

De esta forma hoy,
gracias a Tu Misericordia,
puedo ver tu luz y emprendo
mi camino de regreso a Ti, 
que eres el faro de mi vida.




Arturo Quirós Lépiz










¡Cómo no creer en Dios!


lunes, 8 de diciembre de 2014

ANTÍFONAS DE LA "¡OH!"


La Virgen rodeada de ángeles (1881) -   William-Adolphe Bouguereau
(La Rochelle, Francia, 1825-1905)




Las antífonas de la Oh son siete, y la Iglesia las canta con el Magnificat del Oficio de Vísperas desde el día 17 hasta el día 23 de diciembre. Nuestra espera refleja las esperanzas de la humanidad entera y se expresa en una serie de sugestivas invocaciones, que encontramos en la celebración eucarística antes del evangelio y en el rezo de las Vísperas antes del cántico del Magníficat. Son las antífonas llamadas de la "Oh", en las que la Iglesia se dirige a Aquel que está a punto de venir con títulos muy poéticos, que manifiestan claramente la necesidad de paz y de salvación de los pueblos, necesidad que sólo en Dios hecho hombre queda satisfecha de modo pleno y definitivo.

Son un llamamiento al Mesías recordando las ansias con que era esperado por todos los pueblos antes de su venida, y, también son, una manifestación del sentimiento con que todos los años, de nuevo, le espera la Iglesia en los días que preceden a la gran solemnidad del Nacimiento del Salvador.

Se llaman así porque todas empiezan en latín con la exclamación «Oh». También se llaman «antífonas mayores».

Fueron compuestas hacia los siglos VII-VIII, y se puede decir que son un magnífico compendio de la cristología más antigua de la Iglesia, y a la vez, un resumen expresivo de los deseos de salvación de toda la humanidad, tanto del Israel del A.T. como de la Iglesia del N.T.

Son breves oraciones dirigidas a Cristo Jesús, que condensan el espíritu del Adviento y la Navidad. La admiración de la Iglesia ante el misterio de un Dios hecho hombre.Cada antífona empieza por una exclamación, «Oh», seguida de un título mesiánico tomado del A.T., pero entendido con la plenitud del N.T. Es una aclamación a Jesús el Mesías, reconociendo todo lo que representa para nosotros. Y termina siempre con una súplica: «ven» y no tardes más.

En cada una de estas apasionadas invocaciones, de clara referencia bíblica, se percibe el deseo que los creyentes tienen de ver cumplidas sus expectativas de paz. Por esto imploran el don del nacimiento del Salvador prometido. Sin embargo, al mismo tiempo sienten con claridad que eso implica un esfuerzo concreto para prepararle una digna morada no sólo en su alma, sino también en su entorno. En una palabra, invocar la venida de Aquel que trae la paz al mundo conlleva abrirse dócilmente a la verdad liberadora y a la fuerza renovadora del Evangelio.

*  Fuente: 



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ANTÍFONAS DE LA "¡OH!"

Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ¡ven y muéstranos el camino de la salvación!

Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ¡ven a librarnos con el poder de tu brazo!

Oh Raíz del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ¡ven a librarnos, no tardes más!
Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ¡ven y libra los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte!

Oh Sol que naces de lo alto, Resplandor de la Luz Eterna, Sol de justicia, ¡ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte!

Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ¡ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!

Oh Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ¡ven a salvarnos, Señor Dios nuestro!

Maranatha,  ¡Ven Señor Jesús!



Oración de la humildad



Andy Prokh


Agrándame la puerta, Padre



Agrándame la puerta, Padre,
porque no puedo pasar,
la hiciste para los niños
yo he crecido a mi pesar.


Si no me agrandas la puerta,
achícame por piedad,
vuélveme a la edad aquella
en que vivir era soñar.



Miguel de Unamuno

ORACIÓN AL DESPERTAR

Magdalena penitente (detalle, 1796) ANTONIO CANOVA





ORACIÓN AL DESPERTAR




Perdóname Señor, porque en la noche
suelo quedar dormida sin decirte

lo mucho que disfruto de la vida.

Perdóname Señor, por no llevarte
presente en un rincón del pensamiento
y por solo pensar en poesía.

No se rezar Señor, pero te escribo
en cada amanecer y cada ocaso 
al escribirte no hay más omisiones.

Pensándolo mejor, no me hagas caso,
que cuando estoy dormida, estás conmigo
y cuando te dedico lo que escribo
están de más olvidos y perdones.



Emilia Marcano Quijada

Ciudad Ojeda, Venezuela (1960)