sábado, 31 de marzo de 2018

Noli me tangere

Noli me tangere (Antonio Allegri da Correggio), 1518



Juan 20 


Cf. Mt. 28.1-10; Mr. 16.1-8; Lc. 24.1-12

La resurrección

1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.

2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.

3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.

4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.

5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.

6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí,

7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.

8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.

9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.

10 Y volvieron los discípulos a los suyos.


Jesús se aparece a María Magdalena

Cf. Mr. 16.9-11

11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro;

12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.

13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.

14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.

15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.

16 Jesús le dijo: !!María! Volviéndose ella, le dijo: !!Raboni! (que quiere decir, Maestro).

17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.



«¡No me toques!»

Cuando el domingo María Magdalena fue a ungir el cuerpo muerto de Jesús, algo que no pudo hacerse debido a la premura con que fue depositado, por ser viernes, ya cerca del Sabbath, día de descanso «consagrado a Yahveh» (Ex. 16,23; 31, 15; Dt. 5,14), en que todo tipo de trabajo estaba prohibido, tanto para los extranjeros como para los israelitas, tanto a hombres como a animales (Ex. 20,8-10; 31,13-17; Dt. 5,12-14). Hallando el sepulcro vacío, creyó que habrían robado el cuerpo… 

Dos ángeles le revelaron que había resucitado, entonces en el camino de vuelta, se le apareció Jesús. Magdalena confundida, incrédula no lo reconoció, Quizás por el atuendo de hortelano, ya más cerca, cuando supo que era el Salvador exclamó ¡Maestro! con ademán de tocarlo, pero Éle dijo - «¡No me toques!, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.» (Noli me tangere, Juan 20:17  Biblia Reina Valera).

En el griego original la expresión es μὴ μoυ ἅπτoυ (mè mu haptu), que sugiere una acción que continúa en el tiempo; por lo que otra posible traducción es «no me retengas».

La obra de Antonio Allegri da Correggio (1489-1539), se encuentra en el Museo del Prado.  La realizó poco después de su visita a Roma, donde estuvo en contacto con las obras de Miguel Ángel y Rafael, por lo que se advierte una marcada influencia.



La primera mención documental se encuentra en una guía local de 1560, la Graticola de Bologna de Pietro Lamo, donde se afirma que «en casa del conde Augustino Orcolano hay un bellí­simo Cristo en el huerto con la Magdalena a sus pies, de mano de Correggio».

Girolamo da Carpi se refiere a ella como «Una pintura de mano de Antonio da Correggio, donde Cristo se aparece a María Magdalena como hortelano, tan bien trabajada y entonada que parece increíble».  Su referencia como hortelano está insinuada por los objetos del ángulo inferior derecho: un sombrero de paja de ala ancha, una pala y un azadón; y las palabras del evangelio: «Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.»

El uso de la expresión se entronca con la de un tópico literario latino pagano, que recoge Cayo Julio Solino, vinculado a unos ciervos blancos​ hallados trescientos años después de la muerte de Julio César con unos collares con la inscripción «Noli me tangere quia Caesaris sum» («no me toques, pues soy del César»). También está citada en el poema de Sir Thomas Wyatt, «Whoso list to hunt» recogido en el Manuscrito Egerton, del que se ha dicho que hace referencia a Anne Boleyn, ya que Henry VIII comenzó a interesarse por ella en 1526; en el mismo sentido de los ciervos blancos: «Ya que grabado con diamantes en letras claras / Hay escrito, alrededor de su hermoso cuello, / «Noli me tangere», pues del César soy, / Y difícil de capturar, aunque parezca mansa.»

Análisis de la obra:

"La composición, de aparente simplicidad, es de un equilibrio extraordinario. A lo largo de una vertical que parte del pie derecho de la Magdalena y termina en la mano izquierda de Cristo, los personajes se recortan ante un bellísimo paisaje tenuemente iluminado por la luz del amanecer. 

Emocionalmente alterada por el encuentro, la inestable figura de María Magdalena, vestida con el amarillo característico de las meretrices (como era costumbre considerar a la Magdalena), es contrarrestada por la de Cristo, sereno y tranquilo, en la que el pintor ha introducido algunas peculiaridades iconográficas, como el color azul del manto, distinto al blanco o rosa empleados tradicionalmente al ilustrar este pasaje bíblico (Juan 20, 1-18) y que probablemente aluda al cielo, o la ausencia de los estigmas de la pasión, símbolo de la perfección alcanzada tras la Resurrección. 

La consecución de este admirable equilibrio fue laboriosa, pues la radiografía muestra tres posiciones distintas de María Magdalena, siendo la definitiva la más elevada. Se ha señalado la innegable similitud del vestido de la Magdalena con el de Santa Cecilia en la pintura homónima de Rafael en Bolonia, lo que avala un estudio de ésta por parte de Correggio, acaso sugerido por Vincenzo Hercolani, propietario también de La visión de Ezequiel de Rafael conservada en la Galeria Palatina di Palazzo Pitti en Florencia. Vincenzo, que poseyó también obras de Francesco Francia y Lorenzo Costa, debió entrar en contacto con Correggio gracias a su estrecha relación con Veronica Gambara (1485-1550), señora del pueblo natal del pintor e importante patrona suya.

De la familia Ercolani el Noli me tangere pasó a poder del cardenal Pietro Aldobrandini en 1598, y de éste a la colección del cardenal Ludovisi en 1621. En 1632 lo heredó el príncipe Lodovico Ludovisi, que la entregó a Felipe IV en pago del feudo de Piombino. Llegada a España en 1643, fue destinada a El Escorial, ingresando en el Museo del Prado en 1839 (Texto extractado de Falomir, M. en: Italian Masterpieces. From Spain`s Royal Court, Museo del Prado, 2014, p. 52)."

* Fuente: Museo del Prado

«Aparición de Cristo a María Magdalena tras la Resurrección»,
de Aleksandr Andreyevich Ivánov (1835)

Otra versión de singular belleza es la «Aparición de Cristo a María Magdalena tras la Resurrección», de Aleksandr Andreyevich Ivánov (Moscow, 1806 - St.Petersburg, 1858), Museo Estatal Ruso, San Petersburgo.


El Descendimiento o La Quinta Angustia

El Descendimiento o La Quinta Angustia - Antonio Allegri da Correggio
Mediados del siglo XVI


Juan 19

Jesús es sepultado

Cf.Mt. 27.57-61; Mr. 15.42-47; Lc. 23.50-56

38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilatos que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilatos se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús.

39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.

40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos.

41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno.

42 Allí, pues, por causa de la preparación de la Pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.



Análisis de la obra:

En realidad para mí esta sería la Sexta Angustia de María, uno de los 7 dolores de la Virgen:

Los Siete Dolores de la Madre:

1) La profecía de Simeón, en la presentación de Jesús en el templo.

2) La persecución de Herodes y huida a Egipto.

3) Jesús perdido y hallado en el templo.

4) María encuentra a Jesús con la cruz al hombro en la calle de la Amargura.

5) La crucifixión y muerte de Nuestro Señor.

6) María recibe a Jesús bajado de la cruz (La Piedad)

7) El traslado del cuerpo del Redentor 
al sepulcro.

«En esta obra se aúnan los temas del descendimiento de la cruz y del llanto sobre Cristo muerto, asunto que, en una disposición asimétrica en diagonal, se presenta en primer término, buscando conmover al espectador ante el sacrificio de Jesús. 

Como su pareja, Martirio de los santos Plácido, Flavia, Eutiquio y Victorino, difiere del original -pintado también para la iglesia de San Giovanni Evangelista de Parma- en su estudio lumínico y cromatismo, pero reproduce su composición y conserva todo el dramatismo otorgado por Correggio a la escena. El patetismo se concentra especialmente en los rostros de la Virgen y de Cristo, así como en el cuerpo inerte de éste, con las manos y los pies aún contraídos por efecto de la crucifixión, y en la actitud llorosa de la Magdalena, que cruza sus manos en un gesto casi de desesperación» 

(Texto extractado de La Belleza Cautiva. Pequeños tesoros del Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, Obra Social la Caixa, 2014, p. 95)

Museo del Prado



Jesús ante Pilatos



Antonio Ciseri - Ecce Homo (1821-1891)

Jesús ante Pilatos

Juan 18

28 Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua.

29 Entonces salió Pilatos a ellos, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?

30 Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.

31 Entonces les dijo Pilatos: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie;

32 para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir.

33 Entonces Pilatos volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?

34 Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?

35 Pilatos le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.

37 Le dijo entonces Pilatos: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.

38 Le dijo Pilatos: ¿Qué es la verdad?

Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito.

39 Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos?

40 Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón.

Cf. (Mt. 27.1-2,11-31; Mr. 15.1-20; Lc. 23.1-5,13-25)

* Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

En relación a este texto bíblico, recomiendo esta reflexión acerca del diálogo entre Pilatos y Jesús: