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Noli me tangere (Antonio Allegri da Correggio),
1518
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Juan 20
Cf. Mt. 28.1-10; Mr. 16.1-8; Lc. 24.1-12
La resurrección
1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.
2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.
3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.
4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.
6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí,
7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.
8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.
9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.
10 Y volvieron los discípulos a los suyos.
Jesús se aparece a María Magdalena
Cf. Mr. 16.9-11
11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro;
12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.
13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
16 Jesús le dijo: !!María! Volviéndose ella, le dijo: !!Raboni! (que quiere decir, Maestro).
17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.
«¡No me toques!»
La resurrección
1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.
2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.
3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.
4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.
6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí,
7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.
8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.
9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.
10 Y volvieron los discípulos a los suyos.
Jesús se aparece a María Magdalena
Cf. Mr. 16.9-11
11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro;
12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.
13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
16 Jesús le dijo: !!María! Volviéndose ella, le dijo: !!Raboni! (que quiere decir, Maestro).
17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.
«¡No me toques!»
Cuando el domingo María Magdalena fue a ungir el cuerpo muerto de Jesús, algo que no pudo hacerse debido a la premura con que fue depositado, por ser viernes, ya cerca del Sabbath, día de descanso «consagrado a Yahveh» (Ex. 16,23; 31, 15; Dt. 5,14), en que todo tipo de trabajo estaba prohibido, tanto para los extranjeros como para los israelitas, tanto a hombres como a animales (Ex. 20,8-10; 31,13-17; Dt. 5,12-14). Hallando el sepulcro vacío,
creyó que habrían robado el cuerpo…
Dos
ángeles le revelaron que había resucitado, entonces en el camino de vuelta, se le
apareció Jesús. Magdalena confundida, incrédula no lo reconoció, Quizás por el atuendo
de hortelano, ya más cerca, cuando supo que era el Salvador exclamó
¡Maestro! con ademán de tocarlo, pero Él le dijo
- «¡No me toques!, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis
hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.»
(Noli me tangere, Juan 20:17 Biblia Reina Valera).
En el griego original la expresión es μὴ μoυ ἅπτoυ
(mè mu haptu), que sugiere una acción que continúa en el tiempo; por lo
que otra posible traducción es «no me retengas».
La obra de Antonio
Allegri da Correggio (1489-1539), se encuentra en el Museo del Prado. La realizó poco después de su visita a Roma, donde estuvo en contacto con las obras de Miguel Ángel y Rafael, por lo que se advierte una marcada influencia.
La primera mención documental se encuentra en una guía local
de 1560, la Graticola de Bologna de Pietro Lamo, donde se
afirma que «en casa del conde Augustino Orcolano hay un bellísimo Cristo en el
huerto con la Magdalena a sus pies, de mano de Correggio».
Girolamo da Carpi se refiere a ella como «Una pintura de mano de Antonio da Correggio, donde Cristo
se aparece a María Magdalena como hortelano, tan bien trabajada y entonada que
parece increíble». Su referencia como hortelano está insinuada por
los objetos del ángulo inferior derecho: un sombrero de paja de ala ancha, una
pala y un azadón; y las palabras del evangelio: «Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.»
El uso de la expresión se entronca con la de un tópico literario latino pagano, que recoge Cayo Julio Solino, vinculado a unos ciervos blancos hallados trescientos años después de la muerte de Julio César con unos collares con la inscripción «Noli me tangere quia Caesaris sum» («no me toques, pues soy del César»). También está citada en el poema de Sir Thomas Wyatt, «Whoso list to hunt» recogido en el Manuscrito Egerton, del que se ha dicho que hace referencia a Anne Boleyn, ya que Henry VIII comenzó a interesarse por ella en 1526; en el mismo sentido de los ciervos blancos: «Ya que grabado con diamantes en letras claras / Hay escrito, alrededor de su hermoso cuello, / «Noli me tangere», pues del César soy, / Y difícil de capturar, aunque parezca mansa.»
Análisis de la obra:
"La composición, de aparente simplicidad, es de un equilibrio
extraordinario. A lo largo de una vertical que parte del pie derecho de la
Magdalena y termina en la mano izquierda de Cristo, los personajes se recortan
ante un bellísimo paisaje tenuemente iluminado por la luz del amanecer.
Emocionalmente alterada por el encuentro, la inestable figura de María
Magdalena, vestida con el amarillo característico de las meretrices (como era costumbre considerar a la Magdalena), es
contrarrestada por la de Cristo, sereno y tranquilo, en la que el pintor ha
introducido algunas peculiaridades iconográficas, como el color azul del manto,
distinto al blanco o rosa empleados tradicionalmente al ilustrar este pasaje
bíblico (Juan 20, 1-18) y que probablemente aluda al cielo, o la ausencia de
los estigmas de la pasión, símbolo de la perfección alcanzada tras la
Resurrección.
La consecución de este admirable equilibrio fue laboriosa, pues
la radiografía muestra tres posiciones distintas de María Magdalena, siendo la
definitiva la más elevada. Se ha señalado la innegable similitud del vestido de
la Magdalena con el de Santa Cecilia en la pintura homónima de Rafael en
Bolonia, lo que avala un estudio de ésta por parte de Correggio, acaso sugerido
por Vincenzo Hercolani, propietario también de La visión de Ezequiel de Rafael
conservada en la Galeria Palatina di Palazzo Pitti en Florencia. Vincenzo, que
poseyó también obras de Francesco Francia y Lorenzo Costa, debió entrar en
contacto con Correggio gracias a su estrecha relación con Veronica Gambara
(1485-1550), señora del pueblo natal del pintor e importante patrona suya.
De la familia Ercolani el Noli me tangere pasó a poder del cardenal Pietro Aldobrandini en 1598, y de éste a la colección del cardenal Ludovisi en 1621. En 1632 lo heredó el príncipe Lodovico Ludovisi, que la entregó a Felipe IV en pago del feudo de Piombino. Llegada a España en 1643, fue destinada a El Escorial, ingresando en el Museo del Prado en 1839 (Texto extractado de Falomir, M. en: Italian Masterpieces. From Spain`s Royal Court, Museo del Prado, 2014, p. 52)."
* Fuente: Museo del Prado
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| «Aparición de Cristo a María Magdalena tras la Resurrección», de Aleksandr Andreyevich Ivánov (1835) |
Otra versión de singular belleza es la «Aparición de Cristo a María
Magdalena tras la Resurrección», de Aleksandr Andreyevich Ivánov
(Moscow, 1806 - St.Petersburg, 1858), Museo Estatal Ruso, San Petersburgo.


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