viernes, 8 de abril de 2016

Oración en los momentos de dificultad




Oración en los momentos de dificultad


Dios mío gracias por estar aquí; siempre presente, dando paz y amor, perdonando e iluminando. 

¿Qué sería de mi sin tu aliento y sin tu amor? Yo sería un cauce sin agua, un cuadro sin colores, una planta sin sol.
Tú, Señor, eres mi fuerza, la respiración de mi alma, mi fuente de energía, mi inspiración y mi descanso. 

¿Por qué me olvido de ti? ¿Por qué te busco sólo cuando estoy rodeado de sombras y con las esperanzas rotas? No me dejes, Dios mío, háblame, tócame, despiértame. No permitas que me aleje de ti y naufrague en el mar del desespero.

Sé luz en mi mente, paz en mi corazón, sabiduría en mis decisiones, amor en mis relaciones. Te necesito, Señor. Tu calmas mi desasosiego y alejas los duendes del mal; contigo es fácil aceptar las asperezas y soportar el dolor.

Contigo puedo ser comprensivo con los que me ofenden, fuerte ante el dolor y amoroso con todos. Dame paciencia conmigo mismo y con los demás, una paciencia que me aleje de la ira y el desaliento.

Eres mi esperanza y mi fortaleza, mi baluarte y mi descanso. En Ti todo lo puedo, y con tu amor los fardos son llevaderos. Tú me libras de las aguas turbulentas, apaciguas mis males y conjuras mis temores. 

Te amo, Señor, te adoro, te bendigo y te doy gracias, 
Señor mío y Dios mío.


P. Gonzalo Gallo

miércoles, 10 de febrero de 2016

"Misericordia quiero y no sacrificios"

Miércoles de Ceniza





El Miércoles de Ceniza, al comenzar la Cuaresma, la liturgia de la Iglesia nos dirige a todos los fieles una intensa invitación a la conversión con las palabras del Apóstol Pablo: «En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!» (2 Corintios 5, 20). La Cuaresma es un período de penitencia y de reconciliación con Dios por medio de la Cruz de Cristo. Esta reconciliación constituye el fruto de la gracia de la Redención, que se ofrece sobreabundantemente al hombre de todas las generaciones y épocas, de todas las naciones y razas. Nos la ofrece a cada uno de nosotros el Espíritu Santo, que "nos ha sido dado".

La palabra ceniza, que proviene del latín "cinis", representa el producto de la combustión de algo por el fuego. Esta adoptó tempranamente un sentido simbólico de muerte, caducidad, pero también de humildad y penitencia.

La ceniza impuesta en la frente, como signo de humildad, le recuerda al cristiano su origen y su fin: "Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gn 2,7); "hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).

"...Así pues, dejémonos guiar por el Espíritu Santo durante este tiempo privilegiado: para preparar a Jesús a su misión, lo impulsó al desierto de la tentación y lo confortó luego en la hora de la prueba, acompañándolo desde el monte de los olivos hasta el Gólgota. El Espíritu Santo está a nuestro lado mediante la gracia de los sacramentos. En particular, en el Sacramento de la Reconciliación nos lleva, por el camino del arrepentimiento y de la confesión de nuestras culpas, a los brazos misericordiosos del Padre.

Deseo de corazón que la Cuaresma sea para cada cristiano una ocasión propicia para este camino de conversión, que tiene su referencia fundamental e irrenunciable en el sacramento de la penitencia. Esta es la condición para llegar a una experiencia más íntima y profunda del amor del Padre.

Que nos acompañe, a lo largo de este itinerario cuaresmal, María, ejemplo de dócil acogida del Espíritu de Dios. A Ella nos dirigimos hoy, en el momento en que, junto con los creyentes de todo el mundo, entramos en el clima austero y penitencial de la Cuaresma." 

(San Juan Pablo II. Audiencia 25 de febrero de 1998)










Primera lectura

Joel 2:12-18

12 «Mas ahora todavía - oráculo de Yahveh - volved a mí de todo corazón, con ayuno, con llantos, con lamentos.»
13 Desgarrad vuestro corazón y no vuestros vestidos, volved a Yahveh vuestro Dios, porque él es clemente y compasivo, tardo a la cólera, rico en amor, y se ablanda ante la desgracia.
14 ¡Quién sabe si volverá y se ablandará, y dejará tras sí una bendición, oblación y libación a Yahveh vuestro Dios!
15 ¡Tocad el cuerno en Sión, promulgad un ayuno, llamad a concejo,
16 congregad al pueblo, convocad la asamblea, reunid a los ancianos, congregad a los pequeños y a los niños de pecho! Deje el recién casado su alcoba y la recién casada su tálamo.
17 Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, ministros de Yahveh, y digan: «¡Perdona, Yahveh, a tu pueblo, y no entregues tu heredad al oprobio a la irrisión de las naciones! ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: ¿Dónde está su Dios?»
18 Y Yahveh se llenó de celo por su tierra, y tuvo piedad de su pueblo.



Salmo responsorial

Salmo 51:3-6, 12-14, 17

3 Tenme piedad, oh Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura borra mi delito,
4 lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame.
5 Pues mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar está ante mí;
6 contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí. Por que aparezca tu justicia cuando hablas y tu victoria cuando juzgas.
12 Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, un espíritu firme dentro de mí renueva;
13 no me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu.
14 Vuélveme la alegría de tu salvación, y en espíritu generoso afiánzame;
17 abre, Señor, mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.



Segunda lectura

II Corintios 5:20--6:2

20 Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!
21 A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él.
1 Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios.
2 Pues dice él: En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé. Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación.


Evangelio

Mateo 6:1-6, 16-18

1 «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
2 Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.
3 Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha;
4 así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
5 Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.
6 Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
16 Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
17 Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
18 para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.»


Durante la Cuaresma estamos llamados a practicar obras de Misericordia espirituales y corporales.

La misericordia consiste en que nuestro corazón se compadezca de las miserias ajenas.

Se manifiesta en amabilidad, asistencia al necesitado, especialmente en el perdón y la reconciliación. Es más que un sentimiento de simpatía, es una práctica permanente. En el cristianismo es uno de los principales atributos divinos. La misericordia es un sentimiento de compasión por los que sufren, que impulsa a ayudarles o aliviarles.


El buen samaritano


“Tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; forastero y me recibieron en su casa; sin ropas y me vistieron; enfermo y me visitaron; en la cárcel y fueron a verme”.

(Mt. 25, 35-36) 



Obras de Misericordia corporales:


1. Dar de comer al hambriento

2. Dar de beber al sediento

3. Dar posada al necesitado

4. Vestir al desnudo

5. Visitar al enfermo

6. Socorrer a los presos

7. Enterrar a los muertos

(cf Mt 25,31-46;
Is 58, 6-7; Hb 13, 3).



Obras de Misericordia espirituales:

1. Enseñar al que no sabe

2. Dar buen consejo al que lo necesita

3. Corregir al que está en error

4. Perdonar las injurias

5. Consolar al triste y confortar al abatido

6. Tomar con paciencia los defectos de los demás

7. Rogar a Dios por vivos y difuntos

domingo, 31 de enero de 2016

Nadie es profeta en su tierra...





En las lecturas bíblicas de hoy domingo 31 de enero de 2016, IV Semana del Tiempo Ordinario, hay tres de ellas que son de una especial belleza.  Las voy a dejar por separado porque cada una de ellas amerita una mirada detenida.


Evangelio

Lucas 4:21-30


(Continuación del Evangelio del domingo anterior)


21 Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.»


22 Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»


23 El les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria.»


24 Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.»


25 «Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país;
26 y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón.
27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.»


28 Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira;
29 y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle.
30 Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.



... la mayor de todas ellas es la caridad...


Walter Rane - El buen samaritano




En las lecturas bíblicas de hoy domingo 31 de enero de 2016, IV Semana del Tiempo Ordinario, hay tres de ellas que son de una especial belleza.  Las voy a dejar por separado porque cada una de ellas amerita una mirada detenida.

2a. Lectura

Himno del amor de Pablo de Tarso

I Corintios 13:4-13

4 La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe;
5 es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal;
6 no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.
7 Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.
8 La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia.
9 Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía.
10 Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.
11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño.
12 Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido.
13 Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.









«Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía y te consagré...»

Jeremías lamenta la destrucción de Jerusalén
Rembrandt Harmenszoon Van Rijn




En las lecturas bíblicas de hoy domingo 31 de enero de 2016, IV Semana del Tiempo Ordinario, hay tres de ellas que son de una especial belleza.  Las voy a dejar por separado porque cada una de ellas amerita una mirada detenida.


Primera lectura


Jeremías 1:4-5, 17-19


4 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:

5 «Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí.
17 Por tu parte, te apretarás la cintura, te alzarás y les dirás todo lo que yo te mande. No desmayes ante ellos, y no te haré yo desmayar delante de ellos;
18 pues, por mi parte, mira que hoy te he convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro, en muralla de bronce frente a toda esta tierra, así se trate de los reyes de Judá como de sus jefes, de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra.
19 Te harán la guerra, mas no podrán contigo, pues contigo estoy Yo - oráculo de Yahveh - para salvarte.»



* * *

Jeremías, la película




* * *


* La obra de Rembrandt merece una mención especial: se cree que usó como modelo la imagen de su propio padre, Harmen van Rijna modo de homenaje, después de su muerte (1630).  

El artista sentía predilección por las figuras de ancianos, representados con gran realismo. El profeta Jeremías aparece contemplando la destrucción de la ciudad de Jerusalén a manos de Nabucodonosor II, rey de Babilonia, en el año 586 antes de Cristo. 

El anciano profeta está sentado en unas rocas a las afueras de la ciudad, apoyando su rostro triste y melancólico sobre su brazo izquierdo. Junto a él se observan algunos tesoros que quizá pudo rescatar del templo de Salomón

Al fondo se aprecia la ciudad en llamas. (Jeremías, 39; 1-10) La luz procedente del fuego ilumina en toda su extensión a la figura del profeta que mira con gesto de preocupación y tristeza como su ciudad es pasto de las llamas. La zona donde la luz procedente del fuego no impacta se convierte en sombra, siguiendo la teoría tenebrista aprendida con Pieter Lastman en Amsterdam, inspirándose éste en Caravaggio

El naturalismo con el que Jeremías está representado, con la frente arrugada, el cabello largo y fino, las manos y el pie con la piel fláccida demuestra que Rembrandt se interesa por captar las figuras directamente del natural, lo que refuerza la hipótesis de que el modelo sea su padre.


lunes, 25 de enero de 2016

"El Silencio de María"



En tiempos de Adviento y de Navidad hemos tenido la oportunidad de profundizar en los Misterios de la Encarnación, misterios en que no podemos separar al Hijo de la Madre, a la Trinidad toda, de la Madre.  Por eso he estado meditando a través de la lectura de un libro esencial, lleno de espiritualidad y poesía, como es "El Silencio de María" del padre Ignacio Larrañaga, que a su vez profundiza en el Evangelio de Lucas, el querido médico que escuchó de la propia Madre, todas aquellas cosas que ella guardaba en su corazón.

Un profundo silencio lo envolvía todo,
y la noche avanzaba en medio de su carrera,
cuando tu Omnipotente Palabra,
bajó de los altos cielos al medio de la tierra
(Sab. 18,14-16)


El corazón conoce lo que la lengua
nunca podrá proferir,
y lo que los oídos jamás podrán escuchar.
Khalil Gibran


Todo lo trascendente requiere del silencio:  "la vida, la muerte, el más allá, la gracia, el pecado. Lo palpitante siempre está latente.  Silencio es el nuevo nombre de Dios. El penetra todo, crea, conserva y sostiene todo, y nadie se da cuenta. Si no tuviéramos su Palabra y las evidencias de su amor, experimentadas todos los días, diríamos que Dios es enigma. Pero no es exactamente eso. Dios «es» silencio, desde siempre y para siempre. Opera silenciosamente en las profundidades de las almas."

Desde el primer momento de la Creación del mundo, en medio de la oscuridad y del silencio, "El Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas." (Gn. 1,1)

"Todo el misterio de María estuvo enterrado entre los pliegues del silencio, durante la mayor parte de su vida." 

El silencio de María fue disponibilidad y receptividad, profundidad, plenitud, fecundidad, fortaleza, dominio de sí, madurez humana, fidelidad y humildad. La humildad de los pobres de Yahveh, de aquellos que se vacían, se despojan de todo, para dejar entrar a Dios. En una palabra: FIAT

Nazareth es silencio, el nombre de este pequeño pueblo de Palestina no aparece ni una sola vez en el Talmud ni en los dos famosos libros de Flavio Josefo ("Antigüedades Judaicas" y "Guerra Judaica"), ni en los mapas de la época.

«¿De Nazareth puede salir algo bueno?» (Jn. 1,46)


De María no sabemos cuándo y dónde nació, ni quiénes fueron sus padres, salvo por los evangelios apócrifos. No sabemos cuándo y dónde murió, ni siquiera si murió. Todo es silencio en torno a
María.

Dice el autor que María actúa como un candelabro, se levanta para mostrar la luz. Y como una estrella errante, aparece y desaparece en los evangelios: en el templo, cuando se pierde el Niño (Lc. 2, 41-50), en Caná (Jn. 2,1-12), en Cafarnaúm (Mc. 3,31-35), en el Calvario (Jn. 19,25-28), en el Cenáculo, presidiendo el grupo de los Doce, en oración (He. 1,14). Y en estas tres últimas presentaciones, no articula ni una palabra. "El destino de la Madre es quedar siempre allá atrás, en la penumbra del silencio."

La virginidad de María es silencio, soledad y misterio, libertad y plenitud. Una condición necesaria para hacer lugar a Dios. Esa figura de esa pequeña joven que aparece en los evangelios, tan plena de madurez y paz, atenta y servicial para con los demás, es el fruto de quien ha hecho de sí un espacio exclusivo para llenarse plenamente de Dios.


Sólo bastaría leer en Lucas el relato de la Anunciación y de la Visitación.



Dante Gabriel Rossetti  -  Ecce Ancilla Domini!



Anunciación

Lc. 1,26-38


26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazareth, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 
29 Ella se turbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 
30 El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32 Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» 
34 María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» 
35 El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 
36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37 porque ninguna cosa es imposible para Dios.» 
38 Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel, dejándola, se fue.»  

María «se turbó» (Lc. 1,29).  Sinónimos de turbación son perplejidad, confusión. María sentía en su interior que no era digna de los elogios con que la exaltó el ángel, le abismaba esa imagen que tenía Dios de ella, como un  ser llena de gracia, contrastada con la imagen que tenía de sí misma (Lc. 1,48).  Una vez más, se manifiesta como una criatura llena de humildad, raíz profunda de su grandeza.


Ante la propuesta de Dios por boca del ángel, María pronuncia su FIAT:  «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»  y a continuación calla.


"Cuando el ángel se retiró (Le 1,38) se hizo un gran silencio. ¿Qué sintió María en ese momento? ¿Quedó deslumbrada? ¿Quizá abatida bajo el peso de aquel misterio? En todo aquel conjunto de aparición, ángel, palabras, encargos... en la cima de la apoteosis, ¿qué sintió María? ¿Vértigo? ¿Susto? ¿Sorpresa? ¿Alegría?"


Repito:  disponibilidad y receptividad, profundidad, plenitud, fecundidad, fortaleza, dominio de sí, madurez humana, fidelidad y humildad.


"Impresiona el silencio de María después de la anunciación. El hecho de ser la Madre del Mesías y el hecho de serlo de una manera prodigiosa, eran para dejar desequilibrada emocionalmente a cualquier persona. Es difícil sobrellevar, en soledad y silencio, tan enorme peso psicológico. Si la joven María guarda ese secreto en completo silencio, estamos ante un caso único de
grandeza humana cuyas circunstancias vale la pena analizar
cuidadosamente. María no contó a nadie el secreto de la encarnación virginal.
No se lo contó a José (Mt. 1,19).
No se lo contó a Isabel. Para cuando María se hizo presente en Ain Karim, en casa de Zacarías, Isabel ya estaba en poder del secreto fundamental. Apenas María abrió la boca para decir ¡shalom!, Isabel prorrumpió en exclamaciones y parabienes."




Visitación

Lc. 1, 39-45

39 Por aquellos días María se puso en camino y fue a toda prisa a la sierra, a un pueblo de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

41 Al oír Isabel el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre e Isabel se llenó de Espíritu Santo. 42 Y dijo a voz en grito:

- ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! 43 Y ¿quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?     44 Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 
45 ¡Y dichosa tú por haber creído que llegará a cumplirse lo que te han dicho de parte del Señor!

46 Entonces dijo María:

- Proclama mi alma la grandeza del Señor 47 y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador (1 Sm 2,1; Hab 3,18), 48 porque se ha fijado en la humillación de su sierva (1 Sm 1,11).

Pues mira, desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, 49 porque el Potente ha hecho grandes cosas en mi favor.

Santo es su nombre, 50 y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

51 Su brazo interviene con fuerza, desbarata los planes de los arrogantes: 52 derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; 53 a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

54 Ha auxiliado a Israel, su servidor, acordándose, como lo había prometido a nuestros padres, 55 de la misericordia en favor de Abrahán y su descendencia, por siempre.

56 María se quedó con ella cuatro meses y se volvió a su casa.








«El Espíritu del Señor está sobre mí...»


Escuché una vez a un sacerdote decir que este evangelio resumía todo el Nuevo Testamento, e incluso toda la Biblia, puesto que comprende la Misión de Jesucristo y todo lo que hizo para cumplir la Voluntad del Padre, en este mundo.



Evangelio del 24 de enero de 2016



III Semana del Tiempo Ordinario


Lucas 1:1-4; 4:14-21


1 Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros,
2 tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra,
3 he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo,
4 para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
14 Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región.
15 El iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.
16 Vino a Nazará, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura.
17 Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:

18 «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos 19 y proclamar el año de gracia del Señor».

20 Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él.

21 Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.»






Teófilo es el nombre real o ficticio a quien son dedicados el Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles. Representa a todos los creyentes, significa amigo de Dios en griego.



Ref.  Isaías 61:1-3


1  El Espíritu del Señor DIOS está sobre mí, porque me ha ungido el SEÑOR para traer buenas nuevas a los afligidos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros; 

2  para proclamar el año favorable del SEÑOR, y el día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran, 

3  para conceder que a los que lloran en Sion se les dé diadema en vez de ceniza, aceite de alegría en vez de luto, manto de alabanza en vez de espíritu abatido; para que sean llamados robles de justicia, plantío del SEÑOR, para que El sea glorificado…