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| Jeremías lamenta la destrucción de Jerusalén Rembrandt Harmenszoon Van Rijn |
En las lecturas bíblicas de hoy domingo 31 de enero de 2016, IV Semana del Tiempo Ordinario, hay tres de ellas que son de una especial belleza. Las voy a dejar por separado porque cada una de ellas amerita una mirada detenida.
Primera lectura
Jeremías 1:4-5, 17-19
4 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
5 «Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí.
17 Por tu parte, te apretarás la cintura, te alzarás y les dirás todo lo que yo te mande. No desmayes ante ellos, y no te haré yo desmayar delante de ellos;
18 pues, por mi parte, mira que hoy te he convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro, en muralla de bronce frente a toda esta tierra, así se trate de los reyes de Judá como de sus jefes, de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra.
19 Te harán la guerra, mas no podrán contigo, pues contigo estoy Yo - oráculo de Yahveh - para salvarte.»
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Jeremías, la película
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* La obra de Rembrandt merece una mención especial: se cree que usó como modelo la imagen de su propio padre, Harmen van Rijn, a modo de homenaje, después de su muerte (1630).
El artista sentía predilección por las figuras de ancianos, representados con gran realismo. El profeta Jeremías aparece contemplando la destrucción de la ciudad de Jerusalén a manos de Nabucodonosor II, rey de Babilonia, en el año 586 antes de Cristo.
El anciano profeta está sentado en unas rocas a las afueras de la ciudad, apoyando su rostro triste y melancólico sobre su brazo izquierdo. Junto a él se observan algunos tesoros que quizá pudo rescatar del templo de Salomón.
Al fondo se aprecia la ciudad en llamas. (Jeremías, 39; 1-10) La luz procedente del fuego ilumina en toda su extensión a la figura del profeta que mira con gesto de preocupación y tristeza como su ciudad es pasto de las llamas. La zona donde la luz procedente del fuego no impacta se convierte en sombra, siguiendo la teoría tenebrista aprendida con Pieter Lastman en Amsterdam, inspirándose éste en Caravaggio.
El naturalismo con el que Jeremías está representado, con la frente arrugada, el cabello largo y fino, las manos y el pie con la piel fláccida demuestra que Rembrandt se interesa por captar las figuras directamente del natural, lo que refuerza la hipótesis de que el modelo sea su padre.

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