lunes, 25 de enero de 2016

"El Silencio de María"



En tiempos de Adviento y de Navidad hemos tenido la oportunidad de profundizar en los Misterios de la Encarnación, misterios en que no podemos separar al Hijo de la Madre, a la Trinidad toda, de la Madre.  Por eso he estado meditando a través de la lectura de un libro esencial, lleno de espiritualidad y poesía, como es "El Silencio de María" del padre Ignacio Larrañaga, que a su vez profundiza en el Evangelio de Lucas, el querido médico que escuchó de la propia Madre, todas aquellas cosas que ella guardaba en su corazón.

Un profundo silencio lo envolvía todo,
y la noche avanzaba en medio de su carrera,
cuando tu Omnipotente Palabra,
bajó de los altos cielos al medio de la tierra
(Sab. 18,14-16)


El corazón conoce lo que la lengua
nunca podrá proferir,
y lo que los oídos jamás podrán escuchar.
Khalil Gibran


Todo lo trascendente requiere del silencio:  "la vida, la muerte, el más allá, la gracia, el pecado. Lo palpitante siempre está latente.  Silencio es el nuevo nombre de Dios. El penetra todo, crea, conserva y sostiene todo, y nadie se da cuenta. Si no tuviéramos su Palabra y las evidencias de su amor, experimentadas todos los días, diríamos que Dios es enigma. Pero no es exactamente eso. Dios «es» silencio, desde siempre y para siempre. Opera silenciosamente en las profundidades de las almas."

Desde el primer momento de la Creación del mundo, en medio de la oscuridad y del silencio, "El Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas." (Gn. 1,1)

"Todo el misterio de María estuvo enterrado entre los pliegues del silencio, durante la mayor parte de su vida." 

El silencio de María fue disponibilidad y receptividad, profundidad, plenitud, fecundidad, fortaleza, dominio de sí, madurez humana, fidelidad y humildad. La humildad de los pobres de Yahveh, de aquellos que se vacían, se despojan de todo, para dejar entrar a Dios. En una palabra: FIAT

Nazareth es silencio, el nombre de este pequeño pueblo de Palestina no aparece ni una sola vez en el Talmud ni en los dos famosos libros de Flavio Josefo ("Antigüedades Judaicas" y "Guerra Judaica"), ni en los mapas de la época.

«¿De Nazareth puede salir algo bueno?» (Jn. 1,46)


De María no sabemos cuándo y dónde nació, ni quiénes fueron sus padres, salvo por los evangelios apócrifos. No sabemos cuándo y dónde murió, ni siquiera si murió. Todo es silencio en torno a
María.

Dice el autor que María actúa como un candelabro, se levanta para mostrar la luz. Y como una estrella errante, aparece y desaparece en los evangelios: en el templo, cuando se pierde el Niño (Lc. 2, 41-50), en Caná (Jn. 2,1-12), en Cafarnaúm (Mc. 3,31-35), en el Calvario (Jn. 19,25-28), en el Cenáculo, presidiendo el grupo de los Doce, en oración (He. 1,14). Y en estas tres últimas presentaciones, no articula ni una palabra. "El destino de la Madre es quedar siempre allá atrás, en la penumbra del silencio."

La virginidad de María es silencio, soledad y misterio, libertad y plenitud. Una condición necesaria para hacer lugar a Dios. Esa figura de esa pequeña joven que aparece en los evangelios, tan plena de madurez y paz, atenta y servicial para con los demás, es el fruto de quien ha hecho de sí un espacio exclusivo para llenarse plenamente de Dios.


Sólo bastaría leer en Lucas el relato de la Anunciación y de la Visitación.



Dante Gabriel Rossetti  -  Ecce Ancilla Domini!



Anunciación

Lc. 1,26-38


26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazareth, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 
29 Ella se turbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 
30 El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32 Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» 
34 María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» 
35 El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 
36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37 porque ninguna cosa es imposible para Dios.» 
38 Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel, dejándola, se fue.»  

María «se turbó» (Lc. 1,29).  Sinónimos de turbación son perplejidad, confusión. María sentía en su interior que no era digna de los elogios con que la exaltó el ángel, le abismaba esa imagen que tenía Dios de ella, como un  ser llena de gracia, contrastada con la imagen que tenía de sí misma (Lc. 1,48).  Una vez más, se manifiesta como una criatura llena de humildad, raíz profunda de su grandeza.


Ante la propuesta de Dios por boca del ángel, María pronuncia su FIAT:  «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»  y a continuación calla.


"Cuando el ángel se retiró (Le 1,38) se hizo un gran silencio. ¿Qué sintió María en ese momento? ¿Quedó deslumbrada? ¿Quizá abatida bajo el peso de aquel misterio? En todo aquel conjunto de aparición, ángel, palabras, encargos... en la cima de la apoteosis, ¿qué sintió María? ¿Vértigo? ¿Susto? ¿Sorpresa? ¿Alegría?"


Repito:  disponibilidad y receptividad, profundidad, plenitud, fecundidad, fortaleza, dominio de sí, madurez humana, fidelidad y humildad.


"Impresiona el silencio de María después de la anunciación. El hecho de ser la Madre del Mesías y el hecho de serlo de una manera prodigiosa, eran para dejar desequilibrada emocionalmente a cualquier persona. Es difícil sobrellevar, en soledad y silencio, tan enorme peso psicológico. Si la joven María guarda ese secreto en completo silencio, estamos ante un caso único de
grandeza humana cuyas circunstancias vale la pena analizar
cuidadosamente. María no contó a nadie el secreto de la encarnación virginal.
No se lo contó a José (Mt. 1,19).
No se lo contó a Isabel. Para cuando María se hizo presente en Ain Karim, en casa de Zacarías, Isabel ya estaba en poder del secreto fundamental. Apenas María abrió la boca para decir ¡shalom!, Isabel prorrumpió en exclamaciones y parabienes."




Visitación

Lc. 1, 39-45

39 Por aquellos días María se puso en camino y fue a toda prisa a la sierra, a un pueblo de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

41 Al oír Isabel el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre e Isabel se llenó de Espíritu Santo. 42 Y dijo a voz en grito:

- ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! 43 Y ¿quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?     44 Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 
45 ¡Y dichosa tú por haber creído que llegará a cumplirse lo que te han dicho de parte del Señor!

46 Entonces dijo María:

- Proclama mi alma la grandeza del Señor 47 y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador (1 Sm 2,1; Hab 3,18), 48 porque se ha fijado en la humillación de su sierva (1 Sm 1,11).

Pues mira, desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, 49 porque el Potente ha hecho grandes cosas en mi favor.

Santo es su nombre, 50 y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

51 Su brazo interviene con fuerza, desbarata los planes de los arrogantes: 52 derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; 53 a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

54 Ha auxiliado a Israel, su servidor, acordándose, como lo había prometido a nuestros padres, 55 de la misericordia en favor de Abrahán y su descendencia, por siempre.

56 María se quedó con ella cuatro meses y se volvió a su casa.








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